Ama a Dios y haz lo que quieras

•9 noviembre 2009 • Dejar un comentario

P4270156Lo primero que se me viene a la mente cuando escucho o leo la palabra sabiduría es, inteligencia, o experiencia e incluso vejez (sin ofender a los presentes jejeje).

Sabemos que por lo general las personas de más edad, ya  adultas, tienen una ventaja por sobre los adolescentes y nosotros los jóvenes. Esa ventaja es precisamente los años de vida que ellos tienen respecto a nosotros. Años llenos de diferentes vivencias, alegrías, frustraciones, tensiones, de mucha adrenalina, haber estado entre la espada y la pared, sucesos que otorgan finalmente en la persona el título de sabio.

Ahora bien, si buscaras en un diccionario la definición de sabiduría lo más probable es que encuentres algo como “prudencia”, “cuidado en el comportamiento al conducirse en la vida”, “comportamiento prudente en la vida”, “discernir entre lo bueno y lo malo”, etc.

Pero la pregunta es, ¿Qué es lo prudente? o ¿Qué es bueno y malo?

Claramente, lo prudente, lo bueno o lo malo para un cristiano no es lo mismo que para un no cristiano.

Como hijos de Dios tenemos una gran y única fuente de conocimiento de El, que es la Biblia. En la cual, por medio de la lectura y el estudio nos enteramos de sus mandamientos y estatutos. Como por ejemplo; No tendrás Dioses ajenos, Honra a tu padre y a tu madre, No cometerás adulterio, entre otros (Éxodo 20).

Pero, ¿Qué sucede cuando nos enfrentamos en la vida a circunstancias y desiciones en que no hay una orden directa?, ¿Qué haces cuando no hay una orden específica en la Biblia que determine tu desición?

Cuando no hay una orden, Dios nos da la libertad de escoger. Libertad que va juntamente con una RESPONSABILIDAD.

Jesús ordenó a sus siervos a que fueran sabios: << Sean astutos como serpientes>> (Mateo 10:16). Los apóstoles demostraron sabiduría al tomar desiciones: <<Pensamos que era mejor>> (1 Tesalonicenses 3:1). Los apóstoles mandaron a los creyentes a usar la sabiduría al tomar desiciones <<Compórtense sabiamente>> (Colosenses 4:5).

La orientación de Dios según el camino de la sabiduría puede resumirse en cuatro frases:

– Cuando Dios ordena algo debemos obedecer.

– Cuando no hay una orden. Dios nos da la libertad (y la responsabilidad) de escoger.

– Cuando no hay una orden Dios nos da sabiduría para elegir.

– Cuando hemos escogido lo que es moral y sabio, debemos confiar en que el soberano Dios hará que todos los detalles obren para bien.

El cristiano sincero y comprometido a glorificar a Dios por medio de las desiciones sabias, necesita dar respuesta a otra interrogante: ¿Cómo obtenemos la sabiduría requerida para tales desiciones? La respuesta bíblica para esa interrogante tiene varias partes; pero la verdad principal es que la sabiduría la obtienen de Dios los que la buscan.

A los que me aman les correspondo;

A los que me buscan me doy a conocer (Proverbios 8:17)

La actitud de un cristiano debe reflejar, antes que nada, su conciencia de que ningún hombre (incluso él) es sabio por naturaleza (Proverbios 3:7). Y que solo puede adquirir sabiduría proveniente de Dios (Proverbios 2:6).

 

Así que, Dios garantiza sabiduría a quienes manifiestan ciertas características espirituales:

Reverencia a Dios à “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”. Proverbios 9:10.

Humildad à “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Más con los humildes está la sabiduría”. Proverbios 11:2.

Disposición por aprender à “El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará”. Proverbios 15:31.

Diligenciaà”Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan”. Proverbios 8:17.

Rectitud à “El provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente”. Proverbios 2:7.

En lo personal una de las características que más me cuesta es la humildad. Creo que en muchas ocasiones caigo en la soberbia, jactándome de mis “increíbles” y “sabias” desiciones, pero finalmente me doy cuenta que si desde mi corazón y mi mente no reconozco que es Dios la única fuente de sabiduría para mi vida, seguiré tomando malas y tristes desiciones.

Que el Señor les bendiga y los llene de sabiduría.

 

Atentamente, un necio.

 

Estebán Zambrano Leiva

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Sabiduría a la Mano

•9 noviembre 2009 • Dejar un comentario

P7120048 Lectura: Proverbios 8:10-14

 

La sabiduría es una meta que anhelamos, más aún como hijos de Dios deseamos tener aquella sabiduría que vemos a través de la Biblia, existen muchos libros seculares referentes a este tema con claves o secretos para poder alcanzarla. A lo largo de mi vida he visto como muchas decisiones en las cuales la sabiduría no ha sido protagonista trae como consecuencia dolor y caos, pero ¿cómo ser sabios?, ¿cómo poder tener las respuestas precisas para situaciones o decisiones de nuestra vida y de los demás?

Desde el principio de la creación podemos ver que Satanás tentó a Eva diciéndole que comiera del árbol porque serian abiertos sus ojos y sería como Dios, sabiéndolo todo y hoy podemos ver que usa la misma estrategia, creemos que tenemos la solución a los problemas, confiamos tanto en nuestra propia opinión que nos cegamos y nos conformamos con nuestros razonamientos, nos engañamos a nosotros mismos.

Les daré la clave,  si deseas ser una persona sabia esto es lo que debes saber: “El principio de la Sabiduría es el temor de Jehová, buen entendimiento tienen todos lo que practican sus mandamientos”  Salmos 111:10, es tan simple como aferrarnos a nuestro Padre, obedecerle, conocer su corazón, cuando anhelamos conocer más de El  y le obedecemos, en su amor nos revela su voluntad perfecta y esto nos hace ver las cosas con claridad, he conocido hombres y mujeres que admiro por su sabiduría, todos ellos tiene algo en común, todos aman a Dios por sobre todas las cosas y pasan la mayor parte de su tiempo con El, en oración, leyendo, adorando.

Es mi anhelo ser una mujer sabia, una mujer que pueda ser de bendición a quienes me rodean, mi familia, amigos, una mujer que marque vidas, tengo mucho camino por recorrer para lograrlo, le pido a Dios que permita que seamos hombres y mujeres que le amen y que podamos entender que para ser sabios solo necesitamos un corazón dispuesto a obedecer, a negarse a si mismo y atesorar la mayor sabiduría, la que viene de nuestro Salvador.

Bendiciones

Mónica Gomez Medel

Día 40: ¡La Gran fiesta de la Gracia!

•1 noviembre 2009 • Dejar un comentario

logo-final-crece“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:11)

 

Esta porción de la profecía de Isaías siempre ha cautivado mi corazón. Me bendice enormemente el pensar que el Señor Jesús ve desde los cielos el resultado de Su aflicción en ti y en mí, y se siente satisfecho al saber que lo que padeció no fue en vano ¿No es eso maravilloso?

Inevitablemente vuelvo en mi mente a esta porción de la Escritura cada vez que en medio de los cultos de bautismo damos espacio para que la gente cuente cómo Jesús cambió sus vidas. Esos rostros, esas lágrimas, esas realidades transformadas, todo eso no es otra cosa sino el fruto de las aflicciones del Mesías Jesús.

Cuando estamos finalizando esta maratón espiritual de 40 días, en donde muchos de ustedes experimentaron importantes logros en su andar con Dios, es importante recordar que todo tiene que ver con la gracia de Dios. Todo ha sido, es y será obra de la gracia de Dios.

Nada en nosotros, desde nuestro nuevo nacimiento hasta la llenura del Espíritu Santo en nuestras vidas, nada hubiera sido posible a no ser por esas manos clavadas, esa frente oprimida, ese costado traspasado, ese cuerpo sepultado y ese sepulcro vacío.

La Iglesia de Cristo es la expresión viva y concreta de la gracia de Dios.

¿Quién hubiera podido cambiar tantos corazones endurecidos y lastimados, sino el poder de Su gracia? ¿Quién hubiera podido juntar a personas tan diferentes la una de la otra, con pensamientos, formaciones y preferencias tan distintas las unas de las otras, sino el poder de Su gracia?

Nos movemos por Su gracia, y cada logro que alcancemos (y Dios permita que sean muchos logros!) será en Su gracia.

Martín Lutero afirmó: “La teología de la cruz es la teología de la luz”. No hay luz más brillante y majestuosa que la de la cruz, y no hay éxito más rutilante que el obtenido sobre esa cruz. Hasta la consumación de los tiempos nada podrá jamás opacar la gloria de la cruz de Cristo.

“…y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” (Ap. 5:8-13)

 

Todo tiene que ver con Jesús. Equipo CRECE: gracias por servir a Jesús en cada detalle de la Campaña. Y a toda ICLAM: gracias por abrazar este desafío y ver el crecimiento como nuestra meta. Jesús ha visto esto y quedó satisfecho.

 

CRECE ICLAM

Día 39: Esperar trabajando y trabajar Esperando

•1 noviembre 2009 • Dejar un comentario

logo-final-creceLa intervención del cielo cae para bendecir a los siervos diligentes, aquellos que hacen la voluntad de Dios con fidelidad y en dependencia de Su guía. Eso es esperar trabajando y trabajar esperando.

Rut y Noemí fueron ejemplo de esto. Ellas encomendaron a Dios el curso de sus vidas, atribuyendo a Su mano todo cuanto les acontecía. Pero a la vez trabajaron con esfuerzo para cumplir con Su voluntad.

Un error común entre nosotros los cristianos es ponernos a trabajar sin esperar la intervención sobrenatural de Dios. Esto es igual a vivir de manera independiente, como si el Señor ya no quisiera ser protagonista de nuestro diario vivir. Un estilo de vida así, difícilmente va a dar importancia a la oración y a la lectura de la Biblia. Sus propios esfuerzos le parecerán suficientes.

Esta es la razón por la que mucha obra de Dios carece del poder de Dios y es hecha en nuestras propias fuerzas. Simplemente no esperamos nada de Dios. Esto no es lo que la Biblia enseña. Si la Escritura nos insta a orar es porque Dios obrará en respuesta a nuestra plegaria ¿no es eso asombroso? Eso es trabajar esperando.

¿Qué esperas tú de Dios? Dios quiere intervenir en tu vida ¿estás esperando algo de Él?

 

Pero el otro error común en nosotros es quedarnos en una espera pasiva, mirando tanto al cielo que dejamos nuestra responsabilidad en la tierra, y mirando tanto al futuro que olvidamos nuestra responsabilidad en el presente. Esta clase de cristianos de alguna forma piensa que no es necesario el esfuerzo, que “cuando Dios quiere dar, a la casa viene a dejar”. Es una fe cómoda y que al final tiende a culpar a Dios de todo lo que me sucede: lo bueno y también lo malo.

Hay cosas que Dios no va a hacer por ti. Dios abrirá puertas delante de nosotros para que aprovechemos las oportunidades, y será nuestra responsabilidad cruzar esas puertas tomando las oportunidades que Él ha dispuesto (lee Colosenses 2:28-29 y 1ª Tesalonicenses 3:1-12).

Por ejemplo, si el Señor te habla en la predicación del domingo, Él va a esperar que hagas algo al respecto y eso va a ser tu responsabilidad, no la de Él. Dios no va a apagar el televisor por ti, tampoco va a cambiar de canal por ti. Dios no va a levantarse temprano por ti para orar y buscar Su rostro. Dios no va a poner un parche sobre tu boca al momento de hablar lo que no debes, ni va a borrar de tu chat los contactos que te apartan de Él. Dios no te va mantener en tu trabajo si eres irresponsable o flojo. Ya entendiste el punto ¿verdad? Dios intervendrá bendiciendo tus decisiones y tu esfuerzo, eso es esperar trabajando.

Así que te animo a asociarte con Dios, a buscar Su rostro en total dependencia de Él, pero también a esforzarte por aprovechar las oportunidades que abre para ti y a vivir diligentemente en Su voluntad.

Esperar trabajando y trabajar esperando.

 

CRECE ICLAM

Día 38: La vida del Espíritu

•1 noviembre 2009 • Dejar un comentario

logo-final-creceEn el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Juan 7:37-39)

El deseo de Dios es que Su Espíritu Santo no sólo more en ti, sino que fluya en ti como el Espíritu vivo que es. La vida cristiana es en realidad la vida del Espíritu Santo en nosotros, que es lo mismo que decir que Jesús vive en nosotros.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”

(Gálatas 2:20)

 

Nada en la vida cristiana es posible sin la ayuda del Espíritu, por lo menos nada que glorifique y agrade a Dios. Lo que no es hecho en el Espíritu (en dependencia de Él y bajo la guía de Él), es hecho en la carne y nada de la carne glorifica a Dios.

Cada creyente tiene al Espíritu, pero el Espíritu no tiene a cada creyente. Estoy hablando de dejarse controlar por el Espíritu Santo, de ser lleno de Su presencia. Así que una cosa es que el Espíritu viva en ti y otra cosa es que Su presencia llene tu vida.

De las tres Personas de la Trinidad, quien está ahora con nosotros es el Espíritu Santo, por eso es tan importante conocerlo y aprender a depender de Él.

El Espíritu Santo es una Persona, tiene voluntad propia, tiene carácter, emociones, puede sentir, decidir, hablar y actuar. Él quiere hablarte, enseñarte, guiar tu vida y quiere actuar a través de ti. Para eso debes buscar permanentemente Su llenura.

“No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno.

Al contrario, sean llenos del Espíritu.” (Efesios 5:18 NVI)

 

¿Cómo ser lleno del Espíritu Santo?

< Deseando Su llenura. Si sabes que ése es el deseo de Dios, entonces debes anhelarlo con todo tu corazón. Recuerda que no hay otra vida que agrade a Dios.

< Dejando el pecado. El pecado entristece al Espíritu. Debes confesar toda forma de maldad en ti, en eso el mismo Espíritu te puede ayudar mostrándote qué cosas en ti lo entristecen.

< Sometiéndote a Su control. El Espíritu no compartirá el control de tu vida. Si lo tomas tú, Él se hará a un lado. Debes someter todo a Su control.

< Viviendo en constante oración y lectura bíblica. Oramos y leemos la Palabra para conocer más a esta bendita Persona. Pasa tiempo en oración, aunque eso signifique dejar de hacer otras cosas. Pídele que te llene y no tengas temor de lo que pueda suceder. Si estás en la presencia de Dios nada malo te va a pasar.

Si quieres agradar a Dios, la llenura de Su Espíritu no es una opción para ti. Lo más bello de esto es que el Espíritu mismo desea llenarte hoy.


CRECE ICLAM

Día 37: Que no se Apague tu Llama

•1 noviembre 2009 • Dejar un comentario

logo-final-crece“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” (Pro. 4:23)

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Salmo 42:1-2)

En estos días se hace cada vez más difícil dedicar tiempo a cultivar la vida interior, la vida del corazón. El estilo de vida actual se vuelca hacia afuera, hacia lo externo. Tenemos que responder ante tantas personas y tantas obligaciones, que difícilmente encontrarnos tiempo para nosotros.

Aparte de esto, nuestra cultura le da mucha importancia a lo visible, así que todos nos preocupamos por lo que se ve: la ropa, el pelo, los bienes, el cutis, el cuerpo, etc. Todo eso está bien, pero es bueno equilibrarlo con el cuidado del ser interior, porque la gracia de Dios no se derrama en tu pelo o en tus músculos sino en tu corazón.

Es allí en donde se encuentra el altar en donde adoramos a Dios y tenemos nuestra cita íntima con Él. Allí lo escuchamos hablándonos y le podemos expresar con libertad todos nuestros temores, preocupaciones, tropiezos, triunfos, penas y alegrías.

Dedicarle tiempo a tu corazón te ayudará a fortalecer tus convicciones, a meditar sobre tus acciones y motivaciones, a evaluar tus metas para luego entregarle el resultado de tu meditación al Señor.

Los cristianos debemos ser personas que cultiven su interior, que reflexionen en su fe y busquen al Señor en su intimidad. Ese hábito se va a reflejar en lo que hagamos externamente.

Quiero compartir contigo algunos consejos prácticos para que le des tiempo a tu corazón.

< Sal a caminar. Ya sea con tu pareja o en solitario, toma la costumbre de salir a caminar y aprovecha ese tiempo para hablar con Dios adorándolo y deleitándote en Su presencia.

< Compra libros ¡y léelos! Creo que en promedio los cristianos estamos más dispuestos a gastar dinero en música cristiana que en libros cristianos. Me encanta la música, de hecho, escuchar música ayuda a descansar el corazón y renovarlo. Pero el ser interior también necesita ser fortalecido por el hábito de la lectura. Alguien dijo una vez: “Quien no lee no conoce a Dios, porque Dios es escritor”

< Maneja tu tiempo frente al televisor. No dejes que la televisión atente contra tu fe y socave tu salud espiritual. Discrimina lo que ves o de frentón reduce tu tiempo frente a la tele.

< Busca el silencio. Si quieres escuchar a Dios, baja el volumen de la tele, la radio y el mundo. Dios habla en el silencio!

< Ora. No esperes tener necesidades para orar. Orar es conversar, así que conversa con Dios. Adórale y disponte a entregarle una y otra vez tu vida en consagración.

 

El Señor Jesús nos enseñó que todas las maldades salen del corazón y que el hombre saca lo bueno y lo malo desde el tesoro de su corazón. Así que cultiva tu corazón. Todo tiene que ver con tu corazón.

 

CRECE ICLAM

Día 36: Conocer a Dios

•26 octubre 2009 • Dejar un comentario

logo-final-crece“y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3)

Si lo piensas con detención, te vas a dar cuenta que la mayoría de la veces en que hablamos de la salvación lo hacemos pensando que somos “salvos de” y no “salvos para”. Hablamos que hemos sido salvos del infierno, salvos del pecado, salvos de Satanás, salvos del mundo, etc. Pero pocas veces enfocamos en el hecho de que hemos sido salvos para.

Sin embargo, al mirar tu salvación desde la perspectiva de Dios, vas a llegar a la conclusión de que has sido salvo para estar con Él. De hecho en el cielo no harás otra cosa que estar eternamente con Dios.

Cristo tenía esa perspectiva, por eso definió la vida eterna no como ser salvados de las llamas del infierno, sino como conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo. En eso consiste la vida eterna.

El sentido común nos dice que no es atractivo pasar tiempo con alguien que no conocemos. Entonces ¿cómo será pasar toda una eternidad? No basta sólo con pasar de vez en cuando frente a Dios para decirle al pasar: “Ah, Dios, sí… gracias por tu salvación!”

Él te ha salvado para que lo conozcas. De hecho, te creó para que lo conozcas, y cuando el pecado se puso en medio levantando una pared de iniquidad, Él mismo tomó la iniciativa de quitarla enviando a Su hijo a morir en la cruz.

La muerte de Cristo rasgó el velo que impedía el acceso al lugar santísimo, así que hoy podemos tener libre entrada a Su presencia. ESO SE LLAMA VIDA ETERNA.

¿Crees que a Dios le satisface que Sus hijos le recuerden una vez a la semana lo agradecidos que están por salvarlos? Francamente, yo esperaría mucho más de mis hijos que un acto protocolar de gratitud. Si son mis hijos quiero disfrutarlos y que me disfruten, quiero conocerlos y que me conozcan, quiero estar con ellos y que ellos estén conmigo.

¿Conoces tú a Dios, o te preparas para pasar la eternidad junto a alguien de quien escuchaste, pero que en el fondo fue un perfecto desconocido?

Conocer a Dios es la esencia de la vida cristiana. Dios busca revelarse a nosotros, ése es Su objetivo para con Sus hijos: no llenarlos de lujos o satisfacer sus peticiones egoístas, sino darse a conocer, ya sea en la riqueza o en la escasez, en el dolor o en el gozo, en la vida o en la muerte.

Cuando vez a Dios como tu posesión y entiendes que Su propósito contigo es darse a conocer, entonces dejas de temerle a lo que venga en el futuro, porque todo lo que te suceda será una forma en que Dios se te revela.

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;  a fin de conocerle…” (Filipenses 3:7-10)

CRECE ICLAM