Día 33: Si Dios te mueve, ¡muévete!

logo-final-creceA mí me gusta el cambio, de verdad. Me gusta lo nuevo, lo inesperado, pero Dios me la ganó! Él es un eterno creador, Él hace siempre cosas nuevas y cada día busca sorprendernos ¿no lo habías notado?

Tal vez seas alguien a quien le gusta la rutina, que se siente cómodo en la seguridad de los predecible y de todo lo que se pueda controlar.

Lamento informarte (en realidad, no lo lamento mucho) que uno de estos días, tarde o temprano, Dios te va a sorprender.

Cuando el pueblo de Israel vagó por el desierto, el Señor lo guiaba a través de una nube que iba sobre ellos. La Biblia dice que cuando la nube se detenía, los israelitas desempacaban y acampaban allí. Cuando la nube se elevaba y comenzaba a moverse, todos se alistaban porque era tiempo de partir. Eso habría sido fascinante de vivir! La idea de salir cada mañana de mi carpa para ver si la nube estaba quieta o comenzaba a moverse me encanta.

Bueno, yo veo que algo parecido le sucedió a Elimelec y su familia. A través de circunstancias difíciles, Dios comenzó a mover Su nube y entonces Elimelec entendió que era tiempo de cambios ¡y vaya qué cambios! De seguro Noemí nunca imaginó todo lo que tendría que vivir cuando salió de Belén. El cambio de Dios contemplaba la muerte de su esposo y sus dos hijos.

Luego de enterrar a sus tres hombres, Noemí entendió que la nube de Dios comenzaba a moverse otra vez, así que emprendió el regreso a su país. Al igual que en su salida, Noemí jamás imaginó lo que le esperaría vivir al volver a Belén. ¿Te fijas? Dios siempre nos sorprende.

¿Qué puedes hacer si Dios comienza a moverse? ¡Moverte tú también! Él espera que lo sigamos. Los cambios en nuestra vida, aún los trágicos y difíciles, son la forma en que Dios desea movernos hacia Sus propósitos. Si hemos de cumplir la Gran Comisión, la Iglesia deberá aprender a moverse. Si quieres vivir para los propósitos de Dios, entonces empieza a hacerte la idea de asumir ciertos cambios en tu vida y esperar con atención cuando la nube comience a moverse, porque Dios va a esperar que lo sigas.

Cuando lees el libro de Los Hechos, observas una iglesia en constante movimiento. Sus maletas estaban hechas, las amarras estaban cortadas y las velas al viento. Cuando el Espíritu sopló, ellos se dejaron guiar con gozo.

¿A dónde se dirige la nube de Dios? No dejes de mirar al cielo, porque cuando menos lo pienses la nube comenzará a moverse.

Así que si Dios se mueve ¡muévete tú también!


CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 26 octubre 2009.

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