Día 32: ¿Qué creemos? ¿Qué predicamos?

logo-final-creceSi ya entendiste que somos llamados a amar, lo que debes entender ahora es que ese amor tiene un nombre: Jesús.

Aunque haya muchas instituciones que hacen bien a los demás, lo que distingue a la Iglesia es el mensaje que tiene y que es llamada a compartir. Abraza este mensaje en tu corazón y compártelo con pasión.

El evangelio es mucho más que unos cuantos pasos, pero su mensaje puede ser resumido así:

Fuimos creados por Dios y para Dios. Antes que estuviéramos nosotros, Dios ya estaba. Él es el origen de todo y el propósito de todo. Dios creó lo que existe en base a leyes naturales y leyes espirituales. Ignorar o quebrantar las leyes trae consecuencias inevitables.

Hemos pecado. “…todos pecaron, y están destituidos (separados) de la gloria de Dios”. (Romanos 3:23) Los seres humanos hemos decidido hacer nuestra propia voluntad creyendo que esta “libertad” nos dará felicidad. Pero lo cierto es que somos esclavos de nuestros egoísmos y vivimos en temor y angustia constante.

Todo lo que hacemos fuera de la voluntad de Dios se llama pecado y significa que no alcanzamos la norma de Dios.

El pecado ha traído consecuencias personales, familiares, nacionales y universales: odio, violencia, guerras, engaños, contaminación, etc.

El resultado del pecado es la muerte. “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23)

Muerte significa separación y la Biblia dice que efectivamente nuestro pecado nos ha separado de Dios.

La muerte en este mundo tiene tres grandes dimensiones: 1)Muerte espiritual, es decir, separación de Dios. El ser humano busca a tientas llenar su vacío espiritual pero no logra hacerlo por sí mismo. 2)Muerte física. Es cuando el cuerpo se separa del alma y volvemos a la tumba. Nada puede evitar esta realidad. 3)Muerte eterna, que es la separación permanente de Dios. La Biblia lo llama infierno.

Cristo murió por nosotros. “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8) Tanto nos amó Dios que envió a Su propio Hijo Jesús, quien tomó el castigo por nuestro pecado, aunque nunca pecó ni hizo maldad.

Esto significa que ya que Cristo pagó mi deuda, ya no hay castigo para mí.

Somos llamados a creer en Jesús. “…cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31) No hay nada que podamos hacer para salvarnos, sino creer en lo que Jesús hizo por nosotros. Todo el que cree que Jesús murió en su lugar, no importa quién sea o de dónde venga, tiene vida eterna y el perdón de todos sus pecados.

Esta es la verdad que nos ha hecho libres y que debemos compartir.

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 21 octubre 2009.

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