Día 31: Acércate a un Moabita

logo-final-creceLectura Bíblica: Rut 1:1-4

¡Asombroso! Una extranjera en la familia del Salvador del mundo! Dios en Su soberanía decidió incluir a esta moabita en el linaje del cual nacería el propio Jesús.

Tienes que saber que el casarte con una moabita no te convertía en un ciudadano modelo o en el orgullo nacional. Obviamente había razones de mucho peso para que los israelitas pensaran dos veces antes de contraer matrimonio con una extranjera.

¡Y eso es lo asombroso! Que en una época de decadencia moral y espiritual en Israel, una moabita viene y abraza la fe del único Dios, dando de paso lecciones hermosas de integridad y devoción.

En este sentido el pueblo de Israel tenía una actitud bien rara:

Por un lado se dejaba corromper por las influencias paganas de los pueblos vecinos, lo que lo alejaba de Dios y lo sumía en el desastre.

Por otro lado, tenía actitudes elitistas, o sea, pensaba que era el mejor pueblo en la tierra y mostraba menosprecio o cuando menos sospecha de las otras naciones.

Estas dos actitudes hicieron que Israel fracasara en su misión de dar a conocer al Dios verdadero, porque o escondieron su testimonio guardándolo para ellos mismos, o lo diluyeron con el paganismo y la corrupción espiritual de las sociedades dominantes.

¿Te suena familiar? ¡a mí sí! Muchas veces me veo saltando entre estos dos vicios: vivir como un sectario, que ha decidido perder contacto con “los extranjeros” como si fueran una plaga; y por otro lado volverme tan permisivo con las influencias malignas del mundo.

Lee lo que hizo Booz (Rut capítulos 2 y 3). Él mantuvo su integridad por un lado, y por el otro se mostró amable y hospitalario con la extranjera que recogía espigas en su fundo, aun cuando era una viuda indigente. De hecho, en este sentido Booz hizo de relacionador público, dándole a Rut la bienvenida oficial a Israel.

Entiendo que debemos evitar que el mundo nos aparte de la fe, pero no entiendo cuando nos apartamos tanto del contacto con los inconversos, que no les damos la posibilidad de que vean a Dios en nosotros.

¿Hay algún moabita cerca tuyo? Tal vez en tu colegio, universidad, lugar de trabajo o en tu barrio, incluso en tu propia familia.

¿Por qué no haces algo? Acércate e invítalo a tomar once, ofrécele cuidar su casa en vacaciones, dale tu teléfono y dile que estarás gustoso de ayudarlo en lo que necesite.

Los moabitas también tienen derecho a entrar a la familia de Dios.

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 21 octubre 2009.

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