Día 28: Si no sirves, entonces sirves

logo-final-creceLectura Bíblica: Éxodo 1:6-17, 22-2:1-10

Uno de los grandes estorbos en el servicio a Dios es la idea de que no servimos para Sus propósitos, como si supiéramos más que Él. Bueno, Dios a veces se toma el tiempo para mostrarnos que es precisamente porque no servimos que Él nos quiere usar. Eso le sucedió a Moisés.

Desde su nacimiento, Moisés ya venía mal encaminado: a su pueblo lo odiaban y lo explotaban, fue condenado a morir aun antes de nacer, tuvieron que ocultarlo sus primeros 3 meses y cuando ya no pudieron ocultarlo más, lo pusieron en un canasto embetunado con alquitrán y ese canasto lo depositaron en la corriente del Nilo. Lindo no?

La Biblia no nos dice mucho acerca de la infancia y adolescencia de Moisés. Lo que sabemos es que fue criado en el palacio de faraón y fue enseñado en todo el conocimiento de Egipto. Pero sin duda que la infancia de Moisés fue muy complicada. Había sido adoptado por la princesa de Egipto, así que vivía como todo un egipcio. Sin embargo, era criado por su propia madre, que era hebrea y que de seguro le inculcó también la cultura hebrea, su historia, sus costumbres y su fe. Moisés vivía en la corte de faraón, comía allí, estudiaba allí, dormía allí, pero no pertenecía a allí, y él lo sabía. Comenzó a crecer y pronto se dio cuenta que había sido criado como miembro de la aristocracia de una nación que oprimía a su pueblo. Era llamado a servir y a representar a una nación enemiga de su propio pueblo ¿No te parece complicado eso?

Bueno, si lo anterior no lo complicó, mira lo que se viene ahora. Aunque vivía entre los egipcios, Moisés tenía un gran sentido de la justicia y amaba a su pueblo, así que quiso hacer algo por ellos. Un día vio que un egipcio maltrataba a un hebreo. Era una pelea desigual. Moisés se fijó que no hubiera nadie y redujo al egipcio hasta matarlo, escondiendo el cadáver bajo la arena. Al siguiente día vio a dos israelitas que peleaban entre ellos y nuevamente quiso actuar. Trató de disuadirlos, pero el tiro le salió por la culata. Sus compatriotas le salieron parados en la hilacha y además “mala leche”.

Piensa en esto: Moisés había sentido muy hondo en su corazón la injusticia y la opresión de sus hermanos. Había llegado a hacer algo terrible por esa empatía. Quería ayudarlos, quería defenderlos. Sus hermanos no tenían a nadie que los ayudara. Bueno, él quería ser ese alguien. Quería ayudarles, pero ¿qué recibe a cambio? Rechazo, burla, deslealtad, incomprensión, ingratitud. Por este incidente faraón se entera del asesinato y ordena la captura de Moisés, así que tiene que huir. De esa manera, su “acto de heroísmo” lo único que consigue es convertirlo en un asesino, un prófugo y en el hazmerreír de toda la nación. te aseguro que colgó su capa de superhéroe y no quiso saber nada más de rescatar gente.

Cuando Dios lo llama, Moisés ya no es el “Métete al tete” de antes. Le presenta miles de excusas a Dios y su actitud constante fue “no sirvo”. Tú sabes que Dios tenía otra opinión…y ésa es la que vale.

¿Piensas que no sirves para Dios? ¡Felicidades! Acabas de llamar Su atención y de seguro que andará tras de ti. Porque cuando no sirves, entonces Le sirves.

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 18 octubre 2009.

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