Día 25: ¿A quién sirves?

logo-final-crece“Por la muerte de Cristo en la cruz, Dios perdonó nuestros pecados y nos liberó de toda culpa. Esto lo hizo por su inmenso amor. Por su gran sabiduría y conocimiento, Dios nos mostró el plan que había guardado en secreto y que había decidido realizar por medio de Cristo. Cuando llegue el momento preciso, completará su plan y reunirá todas las cosas del cielo y de la tierra, al frente de las cuales pondrá como jefe a Cristo. Por medio de Cristo, Dios nos había elegido desde un principio para que fuéramos suyos y recibiéramos todo lo que él había prometido. Así lo había decidido Dios, quien siempre lleva a cabo sus planes”

(Efesios 1:7-11, Biblia en Lenguaje Sencillo)

El punto no es si sirves o no sirves a Dios, sino a quién estás sirviendo. El pasaje de Efesios nos dice que Dios lleva adelante Su plan en el mundo, la palabra que Reina Valera traduce “dispensación” puede ser traducida también como “administración” o “plan”.

Pero sabemos también que existe otra agenda que busca posicionarse en el mundo, es la agenda que comanda Satanás el diablo.

Por supuesto, tú y yo sabemos el final de cada uno de estos planes. El plan del maligno ha recibido su sentencia y está destinado a fracasar, pero hasta que eso ocurra tratará de llevar la mayor cantidad de personas consigo al infierno.

Así que la reflexión que quiero compartirte hoy es ésta: el asunto del servicio no tiene que ver con decidir si servir a Dios o no servirlo, sino entre servir al plan de Dios o al plan del diablo.

Cuando enfocas tus esfuerzos en trabajar para escalar en tu carrera profesional o laboral, o cuando te exiges al máximo para ganar “un poco más”, haces bien, eso no está mal. Pero cuando esos esfuerzos demandan tanto de ti que ya no tienes fuerzas para servir a Dios y pierdes de vista Su reino, entonces sin darte cuenta y sin quererlo comienzas a servir al propósito del enemigo de Dios y enemigo tuyo.

Al pensar en eso me pregunto cuánto dinero de los hijos de Dios va a parar a destinos ubicados totalmente lejos del plan de Dios. Me pregunto cuánto tiempo, habilidades, recursos y energía de los creyentes se canaliza en causas que nada tienen que ver con la causa de Cristo, o que le son derechamente contrarias.

Por eso es que en ICLAM decimos que no hay meta ni aspiración más alta para el hombre y la mujer que servir a Dios. Porque no se trata de servir a un grupo o a una persona o a una denominación, es asunto de servir al plan de Dios mismo.

Escuché de una mamá que le decía siempre a su hijo: “Hijo, si el Señor te llama a servirle, no te rebajes a ser presidente de la nación”.

Sea lo que sea que hagas, ya sea en la iglesia, en tu oficina, en tu casa o en tu taller, asegúrate de saber a quién estás sirviendo y qué plan estás ayudando a llevar a cabo.

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 14 octubre 2009.

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