Día 24:Todo ha sido puesto en su lugar

cielo1 Amy era una linda niña de 3 años de edad que vivía en algún lugar de los Estados Unidos, frente al mar. Sus padres amaban al Señor y toda su familia era cristiana. Ellos iban todos los domingos a la iglesia y realizaban periódicamente un culto familiar. Amy se sentía muy feliz en medio de ellos, amaba a su familia y admiraba los ojos de su padre, su madre y sus hermanos. Sí, porque todos en la casa de Amy tenían ojos azules, todos menos ella. El sueño de Amy era tener ojos azules como el mar.

Un día, en la escuela dominical, Amy escuchó a su maestra decir: “Dios responde a todas nuestras oraciones”. Así que pasó todo el día pensando en eso, y a la noche, cuando se fue a dormir, Amy se arrodilló al lado de su cama y oró: “Padre del cielo, muchas gracias porque creaste el mar que es tan hermoso. Muchas gracias por mi familia. Me gusta mucho todas las cosas que hiciste y haces. Pero, Señor, me gustaría pedirte por favor que cuando me despierte mañana yo pueda tener ojos azules como los de mamá. En el nombre de Jesús, amén.”

No tengo que decirte con cuánta fe oró aquella noche, y así se quedo dormida. Al despertar la mañana siguiente, Amy recordó su oración y corrió al espejo. Parada allí cerro sus ojos preparándose para el cambio que experimentaría. Cuando abrió sus ojos, notó con asombro que sus ojos tenían un hermoso color…café. ¿Por qué Dios no oyó a Amy ? ¿Por qué no atendió a su pedido?

Muchos años más tarde, Amy se fue como misionera a la India. Allí se dedicó a comprar literalmente a los niños que eran vendidos para ser sacrificados en los templos. Amy los “compraba” para libertarlos de ese sacrificio, pero para poder entrar en los templos de India sin ser reconocida como extranjera, tuvo que disfrazarse de hindú: Se puso polvo de café en la piel, cubrió su cabello, se vistió como las mujeres del lugar y así entraba libremente en los locales de venta de niños. Amy podía caminar tranquila en todos los mercados infantiles porque aparentaba perfectamente ser una hindú.

Un día, una amiga misionera la miró disfrazada y dijo: “¡Amy, mírate! ¿Cómo hubieras hecho para disfrazarte si tuvieses ojos claros como los de todos de tu familia? Sin duda que Dios te hizo para esta misión”.

Esta es la historia de Amy Carmichael, misionera en india.

Puede parecer una actitud infantil, pero tengo la impresión de que el número de creyentes que se sienten disconformes con su físico, su personalidad, su condición o el entorno en donde nacieron es más alto del que imaginamos.

Si eres hijos de Dios, entonces puedes descansar en el hecho de que Él ha dado forma a cada aspecto de tu persona, y todo con un propósito definido.

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 14 octubre 2009.

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