Día 12: Comunión implica gracia

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Lectura Bíblica: Rut 2:11-12

Simplemente no tenía que hacerlo, pero quiso. De eso se trata la gracia, de un favor no merecido que se da sencillamente porque se quiere. Si la Comunión verdadera descansa en el amor, una de las expresiones más hermosas del amor es la gracia.

“Pero Dios es muy compasivo, y su amor por nosotros es inmenso. Por eso, aunque estábamos muertos por culpa de nuestros pecados, él nos dio vida cuando resucitó a Cristo. Nos hemos salvado gracias al amor de Dios, aunque no lo merecíamos. Dios, al resucitar a Jesucristo, nos resucitó y nos dio un lugar en el cielo, junto a él. Hizo esto para mostrar en el futuro la bondad y el gran amor con que nos amó por medio de Jesucristo.” (Efesios 2:4-7)

¿Ves? Dios hizo exactamente lo mismo contigo: te amó, te salvó y te recogió como Su hijo(a), sin que lo merecieras. Lo hizo simplemente porque quiso. Eso es gracia.

Tarde o temprano (y en realidad más temprano que tarde!), tus relaciones interpersonales necesitarán una dosis importante de gracia. Todos nos decepcionamos unos a otros, todos caemos de las expectativas que otros tienen de nosotros, todos herimos a otros y todos nos equivocamos con otros.

A veces diera la impresión que en el mundo hemos aprendido a vivir con la parte oscura y cruel de las relaciones, pero no con la parte gloriosa de la gracia. Son demasiados los corazones presas del resentimiento, del dolor o del aislamiento. Nuestra superficialidad nos hace miopes a la hora de clasificar a las personas y normalmente nuestro primer juicio carece de gracia. A mí me ha pasado muchas veces y todavía sigue sorprendiéndome la rapidez con las que juzgo sin gracia a los demás.

De alguna manera he llegado a creer que los demás deben ganarse mi amor, de lo contrario, mejor olvidarse de él. Si alguien merece mi favor, entonces no es gracia. Si lo que proveo en mis relaciones interpersonales no es gracia, entonces no he llegado a entender la verdadera comunión.

La gracia es esencialmente inmerecida, de lo contrario no es gracia. No soy llamado a disculpar la falta de mi hermano, ni siquiera a disimularla. Soy llamado a sobrellevarla, y ése es un acto de gracia.

Por otro lado, tampoco se trata de hacer vista gorda al pecado de mi hermano, ésa sería una complicidad pecaminosa. Pero incluso cuando me acerco a  tratar la falta de otros, debo hacerlo con gracia. A eso se refería Pablo cuando escribió: Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.” (Gál.6:1-2)

La doctrina de la justificación no explica otra cosa sino cómo Dios nos mira a través de Cristo y nos declara justos. Ésa es una mirada de gracia. Dios mira con gracia y amor incluso a aquellos a quienes que tú no estarías dispuesto(a) a amar. ¿Es la tuya una mirada de gracia?

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 2 octubre 2009.

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