Día 4: Adoración, viendo a Dios ser Dios

Logo Final CreceEs increíble, pero lo he visto una y otra vez! Tanto que se vuelve una especie de norma en la relación de Dios con Sus hijos: Ponernos en situaciones en donde no tenemos a nada ni a nadie más en quien confiar, sólo Él.

Lo veo en Elías, cuando en medio de una terrible escasez Dios lo manda a vivir a un arroyo para conseguir agua y manda cuervos que le trajeran pan y carne (sí, leíste bien ¡cuervos!). Lo interesante es que luego de un tiempo el arroyo se secó y Elías es movido a entrar a una aldea y rogarle a una viuda que lo alimente (1Reyes 17). ¿Qué clase de Dios es ése que aun seca un pobre arroyo, único sustento para Su profeta?

Lo veo en Pablo, el apóstol de los no judíos. En medio de toda su incesante actividad por causa de Cristo, debía además arrastrar una enfermedad que hacía crisis de cuando en cuando. Puedo imaginar lo difícil que sería para un hombre como él, verse atado por una enfermedad. Pero Pablo descubrió en medio de esa debilidad la fortaleza que lo sostuvo el resto de su vida (2Corintios 12:7-10).

Y, por supuesto, lo veo en Noemí. Vuelve a leer el capítulo 1:1-5 y trata de ponerte en el lugar de esta mujer.

El viaje junto a su esposo y sus hijos pequeños (tal vez no más de diez años cada uno) era una forma de buscar nuevos horizontes, de atreverse a más, era un viaje de grandes esperanzas. Los años pasaron y sus hijos se hicieron hombres, tanto que cada uno formó su propia familia. La relación que Noemí tiene con sus nueras da a entender que siempre se llevaron bien, ¡era una gran familia! Eso hasta que el día de la aflicción llegó.

La muerte de los tres hombres en su familia representaba la pesadilla que ninguna mujer israelita hubiera querido vivir. Eso era el desamparo total, la vergüenza social, el descalabro económico y el sueño familiar abruptamente truncado. Ya no habría nietos, no habría futuro. ¿Puedes sentir la inmensa interrogante pendiendo sobre esta mujer anciana?

Sin embargo, Dios siempre estuvo ahí. Aunque se encontró con grandes encrucijadas, Noemí nunca perdió el rumbo. Su fe en Dios la convirtió en una columna para su nuera y de paso contribuyó a formar la descendencia del Salvador.

Lee estos salmos y anota en breves palabras el sentido que cada uno tiene para ti.

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” (Sal. 46:10)

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? y fuera de ti nada deseo en la tierra.” (Sal. 73:25)

CRECE ICLAM

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~ por iclamchile en 24 septiembre 2009.

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