Testigos

El Valle de la Luna 1Yo nunca he vivido en el desierto.  Una vez fui al Valle de la Luna en el norte,  es muy bello ver la puesta de sol allí.  Fue muy divertido subir el cerro de arena y después bajar corriendo por su costado inclinado sin miedo de caerse.  Pero mi tiempo con un grupo de turistas fue por un rato y después subimos al bus y regresamos a la cuidad.  Pero, ¿qué pasaría si yo me había quedado atrás?  Bueno, primero en la noche hay mucho frío  y segundo, no había agua.  Y mi botella de agua era chica y no duraría mucho tiempo.  Eventualmente si ningún bus turístico pasaba (poco probable, pero estamos imaginando) yo podría morir allí sin agua.  Que triste. Toda esa diversión y belleza convertiría en una pesadilla.

Hay un proverbio árabe que dice “el peor crimen en el desierto es saber donde hay agua y no decírselo.”  ¿Eres un cristiano criminal?  ¿Sabes que hay agua viva en Cristo y no lo cuentas a nadie?

Este mundo con sus bellezas y diversiones va a desaparecer un día y la verdad que será un desierto infernal sin Dios. Todo va a ser descubierto en los últimos días, tal como nos indica Apocalipsis.

“Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.  Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?”  (Salmo 42:1-2)
Todo ser humano necesita de esa agua viva, esa agua eterna que encontramos en el sacrificio y salvación de Jesús.

“Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua – contestó Jesús-, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida….Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed – respondió Jesús-, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.” (Juan 4: 10, 13-14)
Has dirigido recién a alguien a eso pozo de agua en medio del desierto.

No te quedes callado.  Hazte testigo de la mejor maravilla en la historia, Jesús, Dios hecho hombre se humilló hasta la muerte, muriendo en nuestro lugar por nuestros pecados.  Pero resucitado y vivo hoy.  En él hay una esperanza de una vida plena y abundante.

Oración: Señor, gracias porque te he conocido y de ti saco esa agua que nos limpia y nos rejuvenece y nos sella para tu reino.  Soy débil y falto coraje a veces para contar a las personas en mi vida sobre ti y las maravillas que has hecho y haces ahora en mí.  Tengo grandes riquezas en ti y quiero compartir con fervor lo que me has dado.  En ti no falto nada.  Confío que me vas a dar las palabras y el entusiasmo real que necesito para contar a los demás a dónde encontrar el agua que apaga nuestra sed espiritual. Amén.

Jasmyn Cox Guarin.

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~ por iclamchile en 8 septiembre 2009.

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