Y Llevé mi Bendición a Otros Pueblos

sonita 4

“Y no hizo allí muchos milagros,

a causa de la incredulidad de ellos”

(Mateo 13:58).

Ya han pasado 15 años en el trabajo de Misiones, he visto y escuchado muchas cosas.  He sido testigo de la gran bendición que significa el extender el Reino de Dios en todo el mundo; he visto la emoción, gozo y maravillosos cambios en las vidas de aquellos que se encuentran cara a cara con el Señor Jesús y Su Salvación.

¡Qué gran privilegio! Ver vidas transformadas por el poder de Jesús, personas bautizadas en el Espíritu Santo, deseosas de vivir para aquel que todo lo ha dado.

Y, también, he visto la tristeza e interrogación en sus rostros al darse cuenta que sus parientes, familiares no gozaron de esta oportunidad y murieron sin Cristo.  El pesar entonces ha caído sobre mí, cuando se me ha preguntado:  “¿por qué no vinieron antes con este mensaje?  Ahora ellos están en el infierno simplemente porque no sabían de un Cristo Redentor”.  ¿Que respuesta puedo dar?, ¡¡¿¿que la iglesia ha fallado??!!   Cada día que pasa  el Espíritu Santo levanta y llama nuevos misioneros en nuestro país.  He participado en muchas conferencias, reuniones misioneras, y Dios siempre es fiel en llamar sus obreros, siempre se levantan personas aceptando el desafío de ir e incluso algunos se levantan comprometiéndose a enviarlos; pero luego, ¿qué pasa con esos obreros?, ¿porqué no llegan al campo?, ¿quién falla?

Fue, en una de estas conferencias, mientras escuchaba el testimonio de Chilenas obedientes, que salieron en el anonimato sometiéndose a la voz de Dios, levantando iglesias, predicando el evangelio a otros, que Jesús habló a mi corazón diciendo:

“asimismo me ocurrió en Nazareth, ellos rechazaron las bendiciones que tenía para ellos, así que yo las reservé para otros pueblos.  Me llevé mi bendición a aquellos pueblos que la querían”

Sabemos que el pasaje habla de la incredulidad de ellos, la falta de fe.  La fe comienza en nosotros porque necesitamos de Dios y porque nos damos cuenta que no existimos fuera de el.

La verdad es que la iglesia Chilena se ha sentado en sus laureles, y hasta ahora ha sido indiferente.  ¿Deseamos que Cristo entonces, tenga que llevarse su bendición apostólica, a otras naciones?  Así como le ocurrió a Israel por no obedecer el mandato del Señor.

En el libro “Misionología:  nuestro cometido transcultural” de Larry Pate, se menciona lo siguiente:

“Israel fue llamado a recibir las bendiciones de Dios, a demostrar el poder de Dios y a cumplir la misión de Dios para con las naciones de la tierra.  Por su desobediencia, Israel fracasó en su misión.  Frustró los propósitos de Dios, pero no los cambió.  Jehová aún quiere que los gentiles sean traídos a la luz…Israel fracasó en su ministerio intercultural.  Pero el manto del ministerio intercultural ha sido transferido de los hijos de Israel a los hijos del Nuevo Testamento:  ¡la iglesia de Dios!  Ahora es la iglesia la que está llamada a participar con Dios en el evangelismo intercultural.  Usted y yo llevamos la responsabilidad de este llamamiento.  ¡Y no debemos fracasar!”.

Vivimos grandes experiencias de fe en nuestras vidas y hogares.  Dios provee nuestra mesa.  Las cosas se multiplican en nuestras manos.  Si dijéramos que no nos alcanza, entonces estaríamos negando la provisión de Dios en nuestras vidas, ¡¡Dios jamás falla!!

“La iglesia primitiva no dio importancia a la situación económica de esos tiempos, ni en su historia…lo que se necesita no es más dinero, sino más obediencia” (–dice Theodore Williams en “Las misiones dentro de un contexto de pobreza”).

Debemos dar no tan solo nuestras oraciones sino también nuestro sustento económico para ser recordados como mujeres y hombres que movieron montañas por su fe en Cristo, sin limitaciones.

Nos toca a nosotros como hispanoamericanos dar una respuesta a la demanda del Señor Jesucristo de ir y hacer discípulos a todas las naciones.  Nos enfrentamos a un puente tendido hacia uno de los bloques inalcanzados más olvidados de la historia.  Tenemos visión, empuje, y no estamos marcados por los  prejuicios de más de 8 siglos de desacuerdos y guerras.” (Mirta Marengo, “El Islam y la iglesia latinoamericana”).

La decisión sigue siendo nuestra, ¿dejaremos realmente que Cristo se lleve su bendición a otros pueblos? Para que seamos recordados así como el pueblo de Nazaret –como un fenómeno Chileno, o ¿abriremos nuestros corazones a ver más allá de nuestras fronteras? Y así enviar y encaminar a aquellos obreros que el Espíritu Santo ya separó de en medio nuestro.

La bendición está a nuestra puerta, y sé que queremos recibirla.  ¿Cuál será nuestra decisión?.

Hans Ziefle

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~ por iclamchile en 7 septiembre 2009.

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