Jesús, Amigo Verdadero

crossUna vez alguien me dijo: «Los amigos son como los melones; permíteme decirte por qué: para encontrar uno bueno, ¡primero hay que probar cien!»

La mayoría de nosotros puede identificarse con eso; es difícil encontrar buenos amigos. Me pregunto si Dios alguna vez se siente así con respecto a nosotros. De todas las personas en el Antiguo Testamento, sólo a uno se le llamó alguna vez Su amigo. En Isaías 41:8, Dios dice que eligió a Jacob, quien era un descendiente de «Abraham, Mi amigo». ¡Un club bastante exclusivo! Así que puedes imaginarte lo sorprendente que fue para los discípulos escuchar decir a Jesús, «Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes» (Juan 15:15).

Mejor aún, también nos los dice a nosotros. Así que, ¿cómo es la amistad con Jesús? Comienza con un compromiso, Él dijo: «Vosotros sois Mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando» (v. 14). Luego añadió la dinámica de la comunicación. Prometió decirnos todo lo que el Padre le ha dicho (v. 15). ¿Estás escuchando? Y, como Sus amigos, comenzamos a llevar fruto (v. 16), compartiendo características en común con Él al reflejar Su gloria en nuestras actitudes y acciones (2 Corintios 3:18).

El murió por todos nosotros, para salvarlos de la condenación eterna y esa es la prueba más grande de amor genuino. Pero, aun más allá, a sus íntimos, a los que le han recibido y le aman, Él los honra tremendamente al declararlos sus amigos. Estos deberían sólo conocerle como Señor, porque no olvidan su pequeñez, sin embargo, ellos saben en lo íntimo de su corazón que, si hacen su voluntad, pueden considerarle su amigo. ¿No es esto maravilloso?

Juan 13:1 dice: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” Esta última frase puede traducirse también “hasta el extremo”.

El verdadero amigo ama hasta el fin, hasta lo extremo. ¿Qué significaba eso para el Señor Jesús? Amar a sus amigos hasta dar la vida por ellos. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Este es el verdadero amor. Teniendo este ejemplo sublime, podemos ver si calza con él cualquier otra forma de supuesta amistad. Habiéndolo probado en nuestra propia vida, podremos distinguir claramente cuál es la amistad verdadera, y cuál no lo es. Pero para que crezca nuestra amistad con Dios debemos buscarle con fervor espontáneamente, como nace de forma automática la necesidad lógica de encontrarte con la persona a quien amas, de estar con ella y gozar de su compañía, de expresarle tus sentimientos y compartir su intimidad. El amor te lleva a querer saber del amado, a desear conocerlo mejor. Se busca ese conocimiento profundo y auténtico que surge de la relación personal. Se consulta, se proyecta, se revisa… todo con el amado y al comenzar la oración siempre le pidamos a Dios que nos dé “conocimiento interno de Jesucristo para más amarle y seguirle“.

Señor:

Que el sonido de tu voz resuene siempre en mis oidos,

Buen Jesús, para que pueda aprender como mi corazón,

mi mente y mi alma pueden amarte más.

Que las más íntimas porciones de mi corazón te abracen,

mi único y solo bien, mi dulce alegría y mi amigo verdadero.

(Teresa de Calcuta)

Jimena Paredes.

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~ por iclamchile en 31 agosto 2009.

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