Concientes de su Gracia

0412~Cristo-PostersÉchale un vistazo a LUCAS 17:11-19

Los leprosos en el tiempo de Jesús, eran forzados a vivir sin contacto con las personas sanas, fuera de los límites de las ciudades y las aldeas. Cualquier contacto, aun cuando fuera esporádico, con personas sanas podía causarles serios problemas que, incluso, podían acabar con su muerte por apedreamiento. La lepra era una enfermedad crónica e incurable. La persona que la contraía estaba condenada a morir de la misma, pero lo que aún era peor, estaba condenada a una muerte en vida, pues así podía considerarse el aislamiento a que estaban sometidos, apartados de su entorno social y de sus seres queridos. Estaban todos condenados a vivir entre ellos si querían gozar de algún tipo de calor humano.

La Lectura nos habla de un pequeño grupo de leprosos. Un detalle interesante y que luego cobrará importancia es el hecho que uno de aquellos hombres era samaritano y el resto judíos. Es curioso como la desgracia puede llegar a hermanar a personas, que en situaciones normales ni siquiera se relacionarían entre ellas. Al oír las noticias de las sanidades que el Maestro hacia, despertó en ellos una posible esperanza, si lo que se decía de aquel hombre era cierto y podían llegar hasta él podrían ser curados. Entonces a la salida de una aldea dieron con Jesús. Desde la distancia le gritaron para llamar su atención. Gritar desde la distancia era una medida de seguridad para ellos, su presencia en medio de gente sana habría podido desencadenar la reacción de éstos que se hubieran defendido a pedrada limpia y hubieran hecho todo lo posible por ahuyentarlos o, como mínimo, mantenerlos a raya.

Desde lejos rogaron a Jesús que los sanara. Jesús, como tantas veces, movido a misericordia les sanó y les pidió que se presentaran ante los sacerdotes para que ellos certificaran oficialmente su curación, Sin embargo, uno de ellos, un samaritano precisamente, consciente de su sanidad vuelve hasta Jesús y se postra ante él en señal de agradecimiento. El Maestro hace un comentario preguntando dónde estaban los otros nueve que habían sido sanados y remarcando que el único que estaba mostrando un agradecimiento y alabanza a Dios era precisamente aquel de quien menos debía esperarse, un samaritano. Entonces, Jesús pronuncia “tu fe te ha salvado”. Indicando con ello que aquel hombre no había recibido únicamente la sanidad física sino también la espiritual. Por otro lado, Jesús expresa su extrañeza por la falta de gratitud de todos aquellos hombres, hacia lo que el Señor había hecho en sus vidas.

Las sociedades actuales son ricas y acostumbradas a altos niveles de calidad de vida y bienestar. Sus habitantes dan por sentado que tienen ciertos derechos y que merecen ciertas prestaciones y beneficios sociales tan solo por el hecho de ser ciudadanos de las mismas.
Esta actitud de tener derecho, de ser merecedores, de esperar que se satisfaga sus necesidades también se proyecta a menudo hacia Dios. Muchas personas en este tipo de sociedades viven totalmente al margen de Dios, sin tenerlo en cuenta, sin respetarlo ni preocuparse lo más mínimo por sus exigencias y expectativas hacia ellos.

Sin embargo, ellos sí tienen expectativas y exigencias hacia Dios. Desde esta perspectiva, las bendiciones son su derecho, son la obligación de Dios hacia ellos y, consecuentemente, no sienten la necesidad ni la responsabilidad de mostrarse agradecidos. Ahora bien, cualquier decepción, desgracia o sufrimiento será rápidamente atribuida a Dios que no está cumpliendo su obligación de ser su benefactor.

El leproso nos recuerda que las bendiciones de Dios son dadas no porque sean nuestro derecho, sino porque nacen del amor y la gracia de Dios hacia nosotros. Por tanto, el leproso samaritano nos desafía a tener siempre una actitud de reconocimiento del trabajo del Señor en nuestras vidas y agradecimiento por todo lo que hace hacia nosotros.

Reflexión

1. El Salmo 103:1 y 2 nos anima a no olvidar las bendiciones de Dios y dar siempre gracias al Señor por ellas. Haz una lista de todas las bendiciones que estás recibiendo de Dios. Haz un esfuerzo para que sea lo más exhaustiva posible.
2. ¿Ves estas bendiciones como una muestra de la gracia (es decir del favor no merecido por nuestra parte) de Dios, o por el contrario piensas que son tu derecho?
3. Dedica un tiempo para dar gracias a Dios por todas y cada una de las bendiciones de las que eres consciente, reconociendo que proceden de su gracia y amor.


Audiencia con el Rey

Querido Dios, gracias por estar atento y preocupado de mi vida, permíteme hoy agradecerte como lo hizo el leproso, rey eterno todo es tuyo. Gracias porque eres un padre amoroso que siempre nos escucha, perdona y protege. Te quiero mucho y te alabo por tu gran amor, permíteme estar siempre agradecido y consciente de tu gracia todos los días.

Ricardo “Kco” Gonzalez

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~ por iclamchile en 21 agosto 2009.

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