El Amor es Constante

imagen1Ya hemos visto que el amor verdadero es dinámico y concreto.

¿Estás listo para otra característica?

El amor es constante.

Sin duda has escuchado frases como “amor pasajero”, “amor de verano”, o “se acabó el amor” ¿verdad? Bueno, el amor del que habla la Biblia es un poco más duradero que eso! Porque el amor verdadero es constante.

La constancia es una de las características más destacadas del amor de Dios por Sus hijos. El pueblo de Israel una y otra vez se alejaba de Dios, le era infiel y se olvidaba de Él. Pero el amor de Dios por Su pueblo era un amor constante.

Una frase recurrente que describe la naturaleza de Dios es “grande” o “abundante en misericordia”.

“Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él (con Moisés), proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado…” (Ex. 34:5-7)

“Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia.” (Sal. 136:1)

Toda la historia de la relación de Dios con Israel puede resumirse en el amor constante de Dios. Aun cuando el culto oficial a Dios se ha desintegrado, el amor de Dios permanece. Cuando el amor de Israel hacia Dios se desvanece, el amor de Dios hacia Israel no se rinde.

“Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” (Os. 11:1-4)

El Nuevo Testamento lo dice así:

“Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…” (1ª Co. 13:7-8)

“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” (Jn. 13:1)

El amor verdadero no se cansa ni se rinde fácilmente. El amor verdadero prevalece, aun en medio de situaciones tan complicadas como el abandono o el divorcio. La relación puede no existir ya más, pero el verdadero amor se niega a ser desplazado por el odio o el rencor.

Como verás, un concepto clave aquí es el perdón. Si el amor es concreto y produce fruto, uno de los frutos más preciados (y uno de los más escasos hoy en día) es el perdón. Tengo la impresión que uno de los daños más grandes que se hace la humanidad a sí misma es la falta de perdón, la incapacidad de perdonar ofensas.

La Biblia, otra vez, revela a un Dios que de tanto y tan perfecto amor, es también un Dios perdonador.

“Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.

Él es quien perdona todas tus iniquidades…” (Sal. 103:1-3)

“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.

Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.

Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Jn. 8:3-11)

La falta de perdón asfixia al amor. El amor prevalece. El amor, el verdadero amor, es constante.

Toño Roa

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~ por iclamchile en 14 agosto 2009.

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